lunes, 20 de octubre de 2014

me sujeto de ti

de Nuria D. Valero


Me sujeto de ti
como el pájaro aturdido
que anida en el alféizar
entre el soplo céfiro
y el quicio dilatado.
Acurrucado posarse sin especie
como no queriendo
ni pájaros ni hombres.
Dejarse sempiterno volátil
concediéndose a una mano suspendida.
Me sujeto de ti
como el aire se sujeta a las banderas
y el tiempo a los ojos que le miran.
Así como un reflejo
ansía tras la ventana
una noche oscura,
aguardo en el desencuentro
tu presencia.



domingo, 7 de septiembre de 2014

hijo de la luz y de la sombra...

de Miguel Hernández


I

( Hijo de la sombra )

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada del sol adonde quieres,
con un sólido impulso, con una luz suprema,
cumbre de las montañas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

II

( Hijo de la luz )

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,
recibes entornadas las horas de tu frente.
Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra
tu cuerpo. Tus entrañas forjan el sol naciente.

Centro de claridades, la gran hora te espera
en el umbral de un fuego que al fuego mismo abrasa:
te espero yo, inclinado como el trigo a la era,
colocando en el centro de la luz nuestra casa.

La noche desprendida de los pozos oscuros,
se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.
Y tú te abres al parto luminoso, entre muros
que se rasgan contigo como pétreas matrices.

La gran hora del parto, la más rotunda hora:
estallan los relojes sintiendo tu alarido,
se abren todas las puertas del mundo, de la aurora,
y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.

El hijo fue primero sombra y ropa cosida
por tu corazón hondo desde tus hondas manos.
Con sombras y con ropas anticipó su vida,
con sombras y con ropas de gérmenes humanos.

Las sombras y las ropas sin población, desiertas,
se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,
que en nuestra casa pone de par en par las puertas,
Y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.

¡Ay, la vida: qué hermoso penar tan moribundo!
Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.
Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.
Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras.

Hijo del alba eres, hijo del mediodía.
Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas,
mientras tu madre y yo vamos a la agonía,
dormidos y despiertos con el amor a cuestas.

Hablo, y el corazón me sale en el aliento.
Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.
Con espliego y resinas perfumo tu aposento.
Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.

III

( Hijo de la luz y la sombra )

Tejidos en el alba, grabados, dos panales
no pueden detener la miel en los pezones.
Tus pechos en el alba: maternos manantiales,
luchan y se atropellan con blancas efusiones.

Se han desbordado, esposa, lunarmente tus venas,
hasta inundar la casa que tu sabor rezuma.
Y es como si brotaras de un pueblo de colmenas,
tú toda una colmena de leche con espuma.

Es como si tu sangre fuera dulzura toda,
laboriosas abejas filtradas por tus poros.
Oigo un clamor de leche, de inundación, de boda
junto a ti, recorrida por caudales sonoros.

Caudalosa mujer: en tu vientre me entierro.
Tu caudaloso vientre será mi sepultura.
Si quemaran mis huesos con la llama del hierro,
verían que grabada llevo allí tu figura.

Para siempre fundidos en el hijo quedamos:
fundidos como anhelan nuestras ansias voraces:
en un ramo de tiempo, de sangre, los dos ramos,
en un haz de caricias, de pelo, los dos haces.

Los muertos, con un fuego congelado que abrasa,
laten junto a los vivos de una manera terca.
Viene a ocupar el hijo los campos y la casa
que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

Haremos de este hijo generador sustento,
y hará de nuestra carne materia decisiva
donde asienten su alma, las manos y el aliento,
las hélices circulen, la agricultura viva.

Él hará que esta vida no caiga derribada,
pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,
que de nuestras dos bocas hará una sola espada
y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

No te quiero en ti sola: te quiero en tu ascendencia
y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.
Porque la especie humana me han dado por herencia,
la familia del hijo será la especie humana.

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,
seguiremos besándonos en el hijo profundo.
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,
se besan los primeros pobladores del mundo.



viernes, 5 de septiembre de 2014

he tornat del moll

de David Mariné


he tornat del moll
i em fan mal els dits i la por de perdre't
quan et veig fumant al llit,
nua i d'horitzó,
amb les calces plenes d'alè
i els gemecs que es poden llegir fins a la fartanera.

no ha fet més que començar la nit
i ja se m' estripa el cor en la vaccinació
de dir-te,
amor,
que penso en portes velles i bestiar
de boques terroses i olors,
en fems i veus,
i en el balboteig
de no tenir res
més que les mans i l'angoixa.

i he tornat a viure
castigat per les teves cuixes,
pel desig esclau dels teus cabells,
ara que ens cau la nit,
ara que els dies s'allarguen amb traços de pintura negra.

i he guardat pel final la música dels nostres endins,
els miralls dels nostres endins,
els cossos sense cap,
i la meravella de la sang violenta que s'inclina.

cercar una altra lluita i un altre bosc,
unes taques vermelles i una brutor,
el supurar de la mar,
i l'atreviment del saber-nos mossegar,
davant d'un món
amb tants gemecs per socórrer.



***



he vuelto del muelle


de David Mariné


he vuelto del muelle
y me duelen los dedos y el miedo a perderte
cuando te veo fumando en la cama,
desnuda y de horizonte,
repletas las bragas de aliento
y los lamentos que pueden leerse hasta el hartazgo.

no ha hecho más que empezar la noche
y ya el corazón se me desgarra en la vacunación
de decirte,
amor,
que pienso en puertas viejas y ganado
de bocas terrosas y olores,
en estiércoles y voces,
y en el balbuceo
de no tener nada
más que las manos y la angustia.

y he vuelto a vivir
castigado por tus muslos,
por el esclavo deseo de tus cabellos,
ahora que nos cae la noche,
ahora que los días se alargan con trazos de pintura negra.

y he guardado para el final la música de nuestros adentros,
los espejos de nuestros adentros,
los cuerpos sin cabeza,
y la maravilla de la sangre violenta que se inclina.

buscar otra nueva lucha y otro bosque,
unas manchas rojas y una suciedad,
el supurar del mar,
y el atrevimiento de sabernos morder,
frente a un mundo
que aún ha de socorrer tanto lamento.




miércoles, 13 de agosto de 2014

amistat del braç

de Gabriel Ferrater


El metro anava ple. Jo m‘agafava
al barrot niquelat vora la porta.
Tenia el braç tibat, i tolerava
aquell pes tebi, persistent, a l’avantbraç.
Quedàvem poca gent quan vaig girar-me.
Era molt jove. Lletja i pobra, descarnada,
com una prima cabra mogrebina
que premia amb el front, tancant els ulls,
abalançada per tota carència,
un braç encara de ningú, lliure i promiscu,
i no veia que ja algú es reprenia
i s’isolava al seu davant. Jo, massa jove
també, no havia après a reconèixer-me
en l’acceptació més que en la tria.
Vaig abandonar el braç, que no fos meu,
i no els vaig mirar més, anguniat
fins a l’estació, i el súbit trenc
d’una corda del cello, la més baixa.




***



amistad del brazo

de Gabriel Ferrater


El metro iba lleno. Yo me agarraba
al barrote niquelado junto a la puerta.
Tenía el brazo tensado, y toleraba
aquel peso tibio, persistente, en el antebrazo.
Quedábamos pocos cuando me volví.
Era muy joven. Fea y pobre, descarnada
como una enjuta cabra magrebí
que acomete con la frente, cerrando los ojos,
abalanzada hacia toda carencia,
un brazo aún de nadie, libre y promiscuo,
y no veía que ya alguien se recobraba
y se aislaba frente a ella. Yo, demasiado joven
también, no había aprendido a reconocerme
en la aceptación mas que en lo elegido.
Abandoné el brazo, que no fue mío,
y no los miré más, angustiado
hasta la estación, y la súbita cisura
de una cuerda del chelo, la más baja.



alle tage

von Ingeborg Bachmann


Der Krieg wird nicht mehr erklärt,
sondern fortgesetzt. Das Unerhörte
ist alltäglich geworden. Der Held
bleibt den Kämpfen fern. Der Schwache
ist in die Feuerzonen gerückt.
Die Uniform des Tages ist die Geduld,
die Auszeichnung der armselige Stern
der Hoffnung über dem Herzen.

Er wird verliehen,
wenn nichts mehr geschieht,
wenn das Trommelfeuer verstummt,
wenn der Feind unsichtbar geworden ist
und der Schatten ewiger Rüstung
den Himmel bedeckt.

Er wird verliehen
für die Flucht von den Fahnen,
für die Tapferkeit vor dem Freund,
für den Verrat unwürdiger Geheimnisse
und die Nichtachtung
jeglichen Befehls.




***



todos los días

de Ingeborg Bachmann


Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inconcebible
se ha hecho cotidiano. El héroe
permanece alejado del campo de batalla. El débil
ha avanzado hasta las zonas de fuego.
El uniforme de diario es la paciencia,
la condecoración, la mísera estrella
de la esperanza sobre el corazón.

Se concede
cuando ya no pasa nada,
cuando el fuego nutrido ha enmudecido,
cuando el enemigo se ha hecho invisible,
y la sombra del armamento eterno
oscurece el cielo.

Se concede
por abandonar las banderas,
por el valor ante el amigo,
por revelar secretos indignos
y desacatar
toda orden.



martes, 12 de agosto de 2014

nanas de la cebolla

de Miguel Hernández


La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.



sarco lange

de Sarco Lange


yo tenía 8 años


mis progenitores ya habían separado sus habitaciones

mi padre dormía en la misma que yo
y mi madre con su hija

mi hermana

una mañana
de esas dispersas en su grotesca humanidad
esperé estar a solas con mi mamá
y le hice una consulta
que me carcomía por dentro

- mamá, hace ya varias noches que me despierto de madrugada y veo que mi papá me ha retirado las ropas de la cama y hace algo con las manos

- qué dices/ hijo?

- eso, que lo he sorprendido varias veces quitándome las ropas de la cama, echando hacia atrás sábanas y frazadas y anoche, cuando le pregunté qué hacía, me dijo que estaba matando las pulgas que me andaban por el colchón

- pero hijo, es que tu papá te ha tocado el cuerpo!?...dime/ te ha tocado el cuerpo!?

- NO MAMÁ!!!!/ VIEJA DE MIERDA, CÓMO ME PREGUNTAS ESO!!!!!

- .........

- .........

- ok., hijo, no te preocupes, debe ser sólo eso, que viviendo aquí en el campo y teniendo esta espantosa epidemia de pulgas es hasta para agradecer que te las quite/ mi amor





DESPUÉS
FUERON
ESCORPIONES







hoy por la tarde
le he llevado a mi padre
una camisa negra
para que vaya de riguroso luto
a mi funeral
del próximo año

porque si le llevaba una camisa blanca
seguramente las manchas sanguinolentas
de las pulgas reventadas hace ya tantos otoños
se verían atrozmente macabras
y no harían juego 
con el escenario final de un padre
enterrando entre aullidos
a su propio hijo

y en una camisa negra
no se notan



porque me quiero marchar
a los planetas infinitos
sin el fervor
de pensarte mordedura

quiero irme
ebrio
ciego
drogado

hombre

ciempiés la noche
abatido
de colmenas

en tu mirada
carnaval