lunes, 28 de enero de 2013

no me acostumbro a esta libertad

de Jorge J. Molina
La puerta abre la casa hacia su adentro
donde no estás.

J.A. Valente  
 
 
No me acostumbro a esta libertad 
que no me merece,
a no escuchar el inmediato eco
de tus pasos sincronizando con los míos.
A veces, la libertad se convierte
en la destrucción de encontrarse perdido
deshaciéndose en la fotografía color sepia
que no explica más que la quietud
de lo que nunca regresa,
de la realidad inmutable que no perdona
el vacío de las fechas detenidas
en orillas sin puertos de llegada.

Los días se amontonan en el cajón
y empieza a pesar sobre mis hombros
las luces apagadas,
No sé qué hacer...
He desahuciado todas las horas
que terminan contándome algo,
encuentro la poca anestesia
en el tiempo que carece de sentido.

He sacado a pasear mi tristeza
y he vomitado su llanto
por todas las esquinas de Granada.
He lamido la suciedad de mis sábanas
en busca de un confín de océanos,
-así de patético soy-.
¡He bebido hasta caer borracho
para tropezar con la ceniza
de tu aliento en la acera!.
Se ha vidriado la pendencia
de los meses maldecidos
en las cuencas de mis ojos.

Deja la puerta cerrada cuando salgas.
Déjame con mi liturgia en sombra desordenada.
Sé llorar sin hacer ruido.
 
 

lunes, 14 de enero de 2013

poema de lo imposible (sí, otro jodido poema largo)

de Sarco Lange


escribir un poema
es correr un riesgo mortal
a veces hasta casi innecesario

porque hablas desde las heridas
y cuando hablas desde las heridas
la sangre no tiene
el mismo sabor
que cuando estás callado como un elegante hijo de puta

entonces
lo dices
todo

si es que
te atreves
a decirlo
todo, claro

como por ejemplo
cuando hablas de sexo
pero no del sexo porno de la internet
ni del sexo brutal que sueñas adentro de los ascensores

no paisano
no de ese
no de esos

de este:

¿te ha pasado, varón
que todo está preparado para una noche hot
todo es perfecto
pero no se te para?

y no solamente no se te para
sino que, misteriosamente
se te achica tu coso
y queda convertido
en un triste caramelito repleto de angustia
y tu mujer te mira (lo mira)
y te dice no importa mi amor
es sólo sexo
mañana será otro día

(¡JA!)

¿te ha pasado, dama
que todo está preparado para una noche hot
todo es perfecto
pero no te humedeces?

y no solamente no te humedeces
sino que, misteriosamente
tus pezones están más planos que nunca
y no tienes el menor lívido en tu cuerpo
y tu hombre te mira (lo mira)
y te dice no importa mi amor
es sólo sexo
mañana será otro día

(¡JA!)

entonces
recién ahí
y desde otro lugar
el poeta saca un lápiz
(métete la tablet en el culo, maldito comanche)
y hace toda la figura cósmica y perfecta
junta a ambos desdichados
al que no se le para
y a la que no se le humedece
y entre verso y verso
y entre trago y trago
los junta en un hotel de quinta categoría afuera de la ciudad
uno donde las ratas son ángeles negros
donde las cucarachas se suben arriba de la cama
y las cortinas parecen las costras perturbadas
de un mundo lleno de crueldad y decadencia
pero a ellos no les importa nada
llegan gracias a un poema que los está escribiendo
ellos están llegando arriba de una nube hecha de delirios
ellos han volado arriba de alfombras repletas de espejismos
ellos no se conocen
nunca se han visto en esta mala vida
ellos son de tribus lejanas pero son iguales
y el poeta
en el verso justo de una orgía enamorada
escribe que se miran a los ojos
que se reconocen en sus cuerpos perfumados de carencias
que ella se muerde el labio de pura ansiedad
que él siente cómo empieza a crecer su hegemonía
que ella percibe la humedad galopante sobre sus bragas
que él tiene que meterse la mano al bolsillo para poder confirmarlo
que ella siente que sus pezones ya parecen piedras calientes
(el poeta saca su sexo y se empieza a masturbar)

y ocurre:

él se acerca a ella y le muerde el labio, le deja una gota de sangre
mientras con las dos manos le toma la cintura y la atrae hacia él
ella se apega a su cuerpo y siente el latido furioso de su sexo
(el poeta está esperando, como siempre, está esperando)
él furiosamente le arranca la blusa blanca de un sólo tirón
ella dice ay
él le sube la falda y apenas se la sube se agacha
y con los dientes le baja las bragas
las bragas mojadas, estilando
ella vuelve a decir ay, pero se escucha AY
él rápidamente se saca los pantalones y su ropa interior
su sexo es duro y grande, nunca lo había visto así
(el poeta se la menea con ambas manos)
él la acuesta en la cama y se sienta arriba de ella
ella levanta su cabeza y le traga el sexo
él cierra los ojos y siente remolinos
(el poeta está en un remolino)
ella se incorpora
se da vuelta
y le pide que le lama el culo
nunca en su vida
había pedido que le lamieran el culo
(el poeta se caga de la risa)
ella después (ese después sabe a sal y a tempestades)
ella después lo empuja y él cae de espaldas en la cama
ella se sube arriba
tan húmeda y mojada como él tan duro y delirante
se sienta sobre él
y cabalga lo que nunca antes había cabalgado sobre un hombre
(el poeta está entrando en shock)
ella salta sobre él y él ahora es quien grita AY
se arquean las espaldas, sudan mares y tormentas
y gimen hacia un cielo que los está bendiciendo
pasan mágicos los minutos y todo va a explotar
el poema va a explotar
el Santo Padre va a explotar
los parias hambrientos del mundo van a explotar
los narcotraficantes del orgullo van a explotar
la madre de todas las angustias va a estallar
el ripio maloliente de un asesinato va a estallar
todo, todo, todo mientras ella cabalga sobre su fatal anonimato
y de pronto se abren todas las iglesias de la mente
todas las carnicerías de la inoperancia
se abren todas las compuertas de un rito hecho de escombro
y la puta madre que me parió que SE ESTÁN CORRIENDO
(EL POETA SE ESTÁ CORRIENDO ENAJENADO
Y ESTÁ HACIENDO QUE SUS PERSONAJES TAMBIÉN SE CORRAN
Y LOS VERSOS SON SEMEN Y AGONÍA
AMBIGUEDAD Y SERIGRÁFICA TORTURA
VIVA LA VIDA VIVA LA REVOLUCIÓN
SE ESTÁN CORRIENDO
COMO NUNCA ANTES SE HABÍAN CORRIDO
SE SEPARAN SE CHUPAN SE ABOFETEAN
SE ABRAZAN SE ORINAN SE ESCUPEN SE DENIGRAN
LEVANTEMOS LOS BRAZOS AL CIELO, CAMARADAS
SALGAMOS A DANZAR POR LAS AVENIDAS
BRINDEMOS POR LA FUERZA DE LOS AMANTES
CERREMOS NUESTRAS BOCAS HACIA LA BELLEZA
Y DEMOS GRACIAS A LA POESÍA)

pero luego
todo pasa
como en las películas
de bajo presupuesto

el poeta cierra el poema
se toma el último trago de su whisky
se limpia las manos
enciende un cigarrillo
y apaga las luces

y los personajes
vuelven a sus casas
millonarios pero más pobres que nunca
se meten en sus respectivas camas
sus parejas duermen el sueño de lo obvio
se quedan despiertos el resto de la noche
él se toca cada tres segundos sus partes
y ella se pasa las manos por sus bragas

al otro día
es todo lo mismo
maldita sea
es TODO LO MISMO

salen a sus trabajos por la mañana
almuerzan hamburguesas
mean y cagan antes de las ocho
y cuentan su dinero
después de pagar la cuenta del supermercado

pero les queda la esperanza
de que el poeta
la próxima noche
abra su cuaderno amarillo
saque su lápiz del cajón
ponga su botella y sus cigarrillos sobre la mesa
y escriba un nuevo poema sobre ellos
para así poder pensar
que debajo de los aguaceros
aún se puede morir sin tanta primavera

domingo, 18 de noviembre de 2012

la noche blanca

de Luis Alberto de Cuenca


Cuando la sombra cae, se dilatan tus ojos,
se hincha tu pecho joven y tiemblan las aletas
de tu nariz, mordidas por el dulce veneno,
y, terrible y alegre, tu alma se despereza.

Qué blanca está la noche del placer. Cómo invita
a cambiar estas manos por garras de pantera
y dibujar con ellas en tu cuerpo desnudo
corazones partidos por delicadas flechas.

Nieva sobre el espejo de las celebraciones
y la nieve eterniza el festín de tus labios.
Todo es furia y sonido de amor en esta hora
que beatifica besos y canoniza abrazos.

Para ti, pecadora, escribo cuando el alba
me baña en su luz pálida y tú ya te has marchado.
Por ti, cuando el rocío bautiza las ciudades,
tomo la pluma, lleno de tu recuerdo, y ardo.


por aquello del misterio

de Nuria D. Valero


Vénganme guadañas afiladas,
véndanme a dos hienas insaciables.
Y que no lo aguante.
Válgame la vida dos reales.

Y que no lo aguante
y que me saquen lo más triste
clavada mi alma llena de ojos
en los carretes de funerales intestino grueso.

Como si de un almacén embargado
aviado de viejos polvos y turistas
de subastas clandestinos torpes,
por aquello del misterio.

Tírenme a un río sin cauce
pero que lo llamen río
como a mí mujer, amante,
de donde mueran los peces.

Si es esto, si es todo esto,
que llegado el momento,
por aquello del misterio,
názcanme algas de la boca.

Si sólo, si es todo esto,
márchenme primero los orgasmos
pero que los llamen muerte.
Y después, que no lo aguante.

martes, 30 de octubre de 2012

el quinquel de los imposibles

de David Mariné


vive esta ciudad sumergida en una falsa madrugada,
una oscuridad de muro y hormigón
que supura por las aristas del ladrillo
una geometría infectada de ruinas y descensos.


por sus avenidas silenciosas
-largas como los remos de un drakkar -
se edifica el desconsuelo y se apuntala la tristeza.


su arquitectura es un desmoronamiento,
el perfil de un nocturno precipicio
y los mercados de azafrán tostado,
el murmullo de los parques acuáticos,
la melodía que blande la tierra,
la frescura del puerto sonámbulo,
ya todo es oscuro,
ya todo es espanto.


también sus gentes andan cubiertas de cuevas,
transeúntes que emanan perfumes de adormidera,
vagonetas de tropiezos y carbón
que se arrastran pesados y brumos
por el enlutamiento insalubre de esta mina.


yo también desciendo al subterráneo
atenazado y umbrío
como triste deshollinador que camina por sus galerías,
las chimeneas estrangulan cualquier resplandor
y mis ojos eclipsados
son la ceremonia del entierro de mi infancia.


las horas se me hacen hollín,
la sonrisa toca fondo,
quiero escapar de esta maldita ciudad,
llegar a casa
a nuestro refugio
y emborracharme con tu luz y tus destellos,
que apacigües con narcótico sabor
esta pena que tanto me abarca.


necesito que me seas el barreno que dinamita el espanto,
una vagoneta de felicidad
repleta de dulzura y orgasmos,
la alegría del filón
en el bolsillo de un minero boquiabierto,


el quinquel de los imposibles,
la primera luz del alba,
una llama
permanentemente encendida
como mundo consagrado a la esperanza.

viernes, 19 de octubre de 2012

amor de tarde

de Mario Benedetti


Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.



sábado, 6 de octubre de 2012

noche de ronda

de Luis Alberto de Cuenca

 
En otro tiempo hubieras empleado la noche
en hablarle de libros y de viejas películas.
Pero ya eres mayor. Ahora sabes que a ellas
les aburren los tipos llenos de nombres propios,
que tu bachillerato les tiene sin cuidado.
De modo que le dejas tomar la iniciativa,
desconectas y finges que escuchas sus historias,
que invariablemente -recuerdas de otras veces-
versan sobre el amor, los viajes, la dietética,
su familia, el verano, la buena forma física,
el más allá, las drogas y el arte postmodemo.
De cuando en cuando asientes, recorriendo sus ojos
con los tuyos, rozando levemente sus muslos,
y elevas a los cielos una angustiosa súplica
para que aquella farsa termine cuanto antes.
Pasarán, sin embargo, todavía unas horas
hasta que, ebria y afónica, se abandone en tus brazos
y obtengas la victoria pírrica de su cuerpo,
que, pese a los asertos de tres o cuatro amigos,
será muy poca cosa. Y, cuando esté dormida,
saldrás roto a la calle en busca de una taza
de café gigantesca, maldiciendo las copas
que arruinaron tu hígado en la estúpida noche
y pensando que, al cabo, merece más la pena
no comerse una rosca y hablarles de tus libros,
amargarles la vida con Shakespeare y con Griffith.
O buscarse una sorda para que nada falte.